Jesús siempre amó a las personas (y sigue haciéndolo), no importando lo que eran o parecían. Siempre les dio la mano y los levantó, siempre tuvo tiempo para ellos y para escucharlos, Jesús literalmente amó a cada persona con la que se cruzó estando aquí en la tierra. Pero les quiero recordar algo que Jesús jamás hizo, y fue ser complice de sus pecados. En toda la Biblia nunca vi a un Jesús que se quedó callado solo para no ofender a las personas que necesitaban corrección. Un buen ejemplo fue cuando defendió a la mujer adultera, pero después le dijo: “vete y no peques más” (Juan 8:11). ¿Se imaginan a un Jesús callando comentarios sólo para no hacer sentir mal a los demás? Yo no. Jesús amó a esa mujer como hoy en día ama a los gays, pero de igual forma les diría: “Tus pecados te son perdonados, vete y no peques más”…

Jesús dio su vida por ellos, por ti, por mi, por todos de igual forma. Nos ama a todos de igual manera. Pero por ese mismo amor que nos tiene, no desea que sigamos viviendo en nuestro pecado, sino que desea que seamos personas libres. Sin ataduras a hábitos y conductas destructivas.

Y aquí quiero exponer algo, una actitud que está pasando sutilmente entre los hijos de Dios. Aún hay muchos cristianos y amigos que conozco que parece ser que no pueden ver la dimensión de lo que representa la situación que vivimos actualmente. No podemos ser pasivos y sacar una banderita blanca ante todo el ataque y la propaganda gay que está siendo disparada por todos los medios existentes. Hay quienes prefieren quedarse callado para no “ofender” a los demás, hay quienes no quieren definir su postura como cristianos ante la comunidad LGTBI para no ser llamados “homofóbicos” Ya tenemos ejemplo reales de lo que ha provocado esa actitud en otros países: leyes que no promueven inclusión, sino leyes que condenan a todos los que deseen vivir una vida como Dios la diseñó. ¿Que vamos a esperar para actuar? ¿Que haya un resultado irreversible?.

Yo NO seré de los que se quedan de brazos cruzados. Yo no veré como mi familia, mi país, mi generación se va por un acantilado. Yo defenderé mi fe, defenderé mis creencias, mi familia, yo defenderé lo que creo.

Aveces me pregunto: ¿Los discípulos de Jesús se quedaron quietos y tranquilos mientras los perseguían para matarlos por su fe? Leo la Biblia y la respuesta es ¡No! En ese momento fue cuando con más fuerzas y más ánimo predicaron el evangelio llevando las buenas nuevas del amor De Dios a todos y a cada uno.

En resumen: Amo a la comunidad LGTBI como Jesús los ama. No los odio. No estoy en guerra con ellos. Pero tampoco estoy de acuerdo a su forma de pensar y no dejaré que me adoctrinen según sus gustos. En cambio, me mantendré firme en mis creencias y levantaré una bandera. La bandera del amor. La bandera de Jesús.

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